Relato

Patio


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El pájaro está enterrado en la maceta del patio. Lo tuve algunos minutos en mi mano y luego en un pañuelo, con las alas recogidas y la boca abierta, esperando una señal de vida. Pero no se movía. Hice el hueco y lo enterré. Luego vino la noche. Todo es culpa mía. Cuando cayó del nido, aún no podía volar y solo daba torpes vueltas por el suelo. Comía lo que traía su madre, que venía desde arriba a toda velocidad. Su padre esperaba posado en la antena. Noté que a veces me miraba enfadado, como diciendo “échanos una mano, anda”. Pero el nido estaba a suficiente altura para no poder devolverlo. Era un peligro, un riesgo, uno más de los que imagino. Los días están llenos de peligros y de riesgos. La primavera, el verano y el invierno, cada estación tiene los suyos, además de su advertencia, olor, sensación, contradicción, expectativa, repetición. 

Ahora han pasado unos minutos de las doce de la noche y miro la maceta a través de la ventana. A veces la visito y hago que rezo. No sé, le pido perdón. A él y a su familia, que por cierto, hace días que ha desaparecido. Abrí la puerta para tender la ropa y lo aplasté. Eso fue así. No lo hice a propósito pero fue así y contra este hecho no se puede hacer nada.

El viento golpea la puerta de la entrada. El mar se escucha de lejos. Llegan días soleados. En la casa de enfrente pude oír esta tarde los mismos cantos de vida que habitaban este patio y donde ahora solo cuelgan trapos. Otros nidos han surgido.

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Bombilla


la foto

Hace días que se ha fundido la pequeña bombilla del baño. Sin embargo, me resisto a cambiarla. Cada mañana sigo apretando el interruptor con la esperanza de que todavía quede luz entre algún filamento de su mecanismo. Apenas un fino cable sostiene su tecnología sobre el techo alto y ahora oscuro. Nada más. Me miro al espejo y veo solo la sombra de un rostro. Las cosas se acaban también en lo que creíamos infalible.

Quedarse en la cama por la mañana. Abrir la ventana. Recuperar el libro que has dejado entre las sábanas. Ahora parece que lo ves todo más claro. Leer sin prisa hasta volver a quedar dormido, solo un instante, antes de abrir la nevera. Fuera cantan los pájaros. El verano parece perfecto, como el sol entre las ramas de los árboles de cualquier bosque.

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