Viaje


El sueño de vivir otra vida nunca se cumple en La uruguaya, Pedro Mairal, Libros de Asteroide (2017), porque la realidad se empeña en desmontar una idea, una obsesión, que lleva al protagonista, Lucas Pereyra, a emprender un viaje corto (solo pasa un día) y donde hay una conclusión: no conocemos tanto al que tenemos al lado. Apunto en el cuaderno: “nadie es solamente una persona, cada uno es un nudo de personas”. Anda  esta frase entre sus casi 141 páginas de crónica absorbente, rápida, como el instante menos pensado.

En La uruguaya vuelve a surgir la idea del viaje como elemento central para paliar la aparente estabilidad que construimos, para olvidar por momentos el peso de la paternidad y de la pareja; vivir otro amor aunque sea fugaz, la sexualidad de lo novedoso, el patetismo consciente de volver a unos años de juventud. En el fondo, todo es un viaje. Estamos llenos de partidas y regresos, de maletas, de puertas por donde salir, de carreteras y caminos. En el movimiento, en el desplazamiento, nos construimos. La excursión era lo mejor que nos podía pasar a los niños en la escuela. El olor de la tortilla de papas al abrir el tupper en el merendero del monte verde, las canciones que solo cantábamos en la guagua. La partida y el regreso.

En La uruguaya no han cambiado demasiado las cosas desde que Ulises salió de Ítaca. Solo que Pereyra es un escritor con deudas, pasados los cuarenta, “culposo y lleno de kilómetros”, que cruza el Río de la Plata en busca de amor y dinero y regresa con un Motevideo idealizado para evitar más incendios; un Montevideo donde “las cosas me resultaban parecidas pero diferentes. Eran pero no eran”. En el universo de Pareyra Ítaca es Argentina, pero desvirtuada y con una Penélope que ha perdido la paciencia. Recomendable.