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Peticiones


la foto

Los muertos no nos esperan. Solo están en nuestros recuerdos y, como somos memoria, los cementerios se presentan como la negación del olvido. Ahí están, en las entradas de los pueblos y ciudades: tumbas, flores y nombres.
Ir de noche al cementerio suponía un reto que pocos intentaban. Nosotros, atrevidos imberbes, saltamos el muro y caímos en los pasillos del silencio. El asunto estaba en dar un paseo y asustar con la microhistoria aterradora que nos habían contado. No pasó nada extraordinario pero había que hacerlo para demostrar no se qué tipo de valor adolescente.
Probablemente hoy haya sido el día en que más gente ha hablado con los muertos, como si estuviesen escuchándonos, con la idea de encontrar algún consuelo a nuestras preguntas, problemas cotidianos, ambiciones, culpas, heridas sin cicatrizar. Consultas a las lápidas con jarrones olorosos. Pero hoy he tenido la sensación, casi por primera vez, de que allí no había nadie dispuesto a escuchar más peticiones.

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Noria


la foto (1)

Tiraban fuegos artificiales en el pueblo vecino. La pólvora iba acompañada por un discreto espectáculo de luces y música. Era una noche de verano donde parecía que se habían perdido las estrellas. La niebla dejaba una humedad que se colaba por los árboles y detrás surgía la luz de los petardos. Primero sonaban y luego dejaban el cielo de colores.

Cuando todo acabó nos dirigimos a la feria de atracciones. Había coches de choque, un toro mecánico, varios puestos de comida y la noria, esa gran mole redonda que te elevaba en frágiles carritos hasta el cielo. Subiste con tus padres mientras yo los veía desde el suelo. Sacabas fotos y sonreías, saludabas y girabas. Tu familia se divertía con pocos gestos. Tu padre, siempre discreto, me había comprado el ticket creyendo que iba a compartir esa experiencia. Me sentí culpable por no haber subido y lo comentamos antes de ir a dormir, cuando el silencio se había apoderado de toda la casa. Me dijiste que no me preocupara.

Subir a la noria era la mejor manera de contemplar las luces nocturnas de todo aquel territorio plano lleno de viñedos y rectas interminables. Estábamos en un pueblo pacífico que celebraba sus fiestas. Solo era eso.

Por la mañana volvimos al bosque. Se escuchaba el viento entre los árboles como un murmullo eterno y fresco. Allí quería estar un buen rato hasta perder el miedo a las alturas, sin tener que enfrentarme a nada.

 

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Respuestas


 

.la foto

Fui a a buscarte al bosque. Donde no llegan los ruidos innecesarios. El invierno había dejado los árboles más verdes y sus ramas parecían infinitas. Los pájaros ya tenían los nidos construidos y el suelo estaba húmedo.

Fui a buscarte al bosque y después de tanto tiempo encontré el silencio amigo que ofrecía algunas respuestas. Las más importantes.

 

 

 

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