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Tres


En la maceta del balcón hay una planta y un molinillo. Sus aspas de papel giran todo el tiempo, incluso con la brisa más débil. Por la noche se escucha nervioso, como si se fuera a romper. Y por la mañana sigue ahí, junto a la planta. Y yo no sé cuanta cantidad de agua lleva la planta. A veces pienso que me paso. La ahogo en su propia vida. Entonces la dejo días al sol hasta que vuelvo a inundar la maceta. Abajo hay dos perros grandes que olfatean el césped del jardín. También hay dos dueños: «El virus es producto del capitalismo», sentencia un joven, y la chica, de espaldas, asiente y se recoge el pelo. “Cuando esto acabe, las peluquerías no van a poder con tanta gente”. En el relato La Calma, R. Carver escribe: «Hoy he estado pensando en la calma que siento cuando cerré los ojos y dejé que los dedos del barbero se deslizaran por mi pelo, en la dulzura de aquellos dedos en mi pelo que empezaba ya a crecer de nuevo”. Un hombre que sale de las sombras de su cama, desde la ventana de enfrente, comienza a aplaudir.

 

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