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Flexible


la foto (11)

Llevo algunos días evitándome. En la televisión han añadido más canales y allí hundo la cabeza. También me siento a tocar; leo; salgo a moverme; ideo alguna receta de cocina; hago llamadas obvias; escucho un disco; escribo. Todo menos pararme a pensar en cosas que debo solucionar. Es una postura que he ido adquiriendo no sin esfuerzo, como si estuviera desorganizándome. A ver si dejo de controlarme. A ver qué pasa.

No conocías el mar de esta parte, pero nadaste como una adolescente hacia afuera, donde las normas no existían y pocos podían oírte. El agua estaba en calma, azul, oscura, salvaje. Golpeaba la roca negra que rodeaba la playa. Los niños se lanzaban desde lo alto y subían imparables por la escalera metálica. El musgo era un cuadro de colores exclusivos cubierto de sal.

Eras un punto a lo lejos que regresaba despacio. La arena te quemaba los pies y reías de manera despreocupada. El sol era inevitable, como todo el verano que nos azota. Yo siempre debajo de la sombrilla, huyendo de su castigo y de sus virtudes. Era un ser pequeño y absurdo. Todo lo que había pensado hacer lo deseché en ese momento. Las ideas de futuro, los proyectos, se desvanecían como las olas que mueren en la orilla. “No eres flexible. Te bloqueas cuando algo escapa a tu control”. Eso dijiste y tenías razón.

Al mediodía recogimos. Tenías la piel seca y el pelo mojado cuando dejamos atrás la playa que ya era un horno intransitable.

 

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Vaso


la foto (4)

En la playa, pasadas las seis, el mar se mezcla con voces agudas y secas que suenan lejanas. Poco a poco la gente comienza a recoger. Algunas familias se limpian la arena de los pies en la ducha y regresan a sus casas hambrientas. El sol, impecable durante el día, todavía sacude los cuerpos negros y brillantes que chapotean en la orilla. En el límite de la playa flotan los barcos desnudos. El mar, azul y abierto, es otra historia.
Pienso en los amores del verano, que venían y se iban tan fugaces. Era el mundo de la escuela y de aquellos años de sueños e incombustible energía. Recuerdo algunas caras y sonrisas perfectas. Ahora el amor parece más serio y poderoso.

Esta noche escucho por primera vez a los grillos que andarán en la oscuridad de la calle. Un vaso se rompe en el suelo del vecino. “Se me ha caído, a tí también se te caen las cosas”, dice una niña que llora. El calor no cesa y todas las ventanas de la casa están abiertas. Aunque no sé que es peor, si el aire que cubre mis cosas o el que viene de fuera.

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