mirar

Viento

En la casa entra el viento. Entra conmigo cuando J abre la puerta. Y se queda un rato. En realidad ya lo llevamos dentro. El viento lleva días tocando a la puerta. Arrastra la arena. El viento a uno le afecta «según esté por dentro», dice J, que me ha tirado la llave para que abra. Se va en unas horas. Una maleta llena de cosas, porque él siempre quiere llevar cosas, aunque no las necesite: papeles, ropa, más libros. 

En la planta baja está la biblioteca y la mesa donde escribe. Una mesa grande de madera y un ordenador portátil. Allí no llega el viento, que hoy está agitado dentro de J y se irá con él por el aeropuerto del Sur. Lo que está escribiendo tiene música. Sin música no hay literatura. Sin ritmo no hay nada. En Viajes con Henry James anotó el comienzo del nuevo libro. Palabras sueltas, las frases para que algo empezara a andar. Leer es también escribir. La biblioteca es también un garaje. Los coches miran a los libros, que te hablan muy bajito. «A veces los libros te encuentran a ti» dice.

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