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Salir permaneciendo

Uno

Las cosas puede que no respondan a una lógica binaria, lo uno o lo otro, sino a lo que sucede en medio. Por allí está la vida, por donde transitan. Liberarlas del lenguaje del ser, de las prisiones trascendentes que las limitan. La filósofa Maite Larrauri se refiere a este asunto con el concepto de rizoma en El Deseo, según Deleuze, de la colección Filosofía para profanos. “Se puede ser un sedentario, o un amante y amigo fiel y moverse entre las cosas, estar siempre en medio, no dejar de hacer mundo. Y por el contrario, se puede ser un viajero empedernido que cambie de lugares y amores, y sin embargo estar siempre en el mismo sitio”.

El rizoma como propuesta de vida. Su razón no es del ser sino del devenir. “Lo importante es lo que está pasando”. “Salir permaneciendo”, es decir, salir de lo que uno hace mediante lo que uno hace para encontrar ampliaciones posibles del territorio. “Borrar” los contornos fijos, esas “líneas duras del ser”, y permitir “conexiones,” “tránsitos” y “devenires”.  Así, el filósofo encuentra conexiones en la literatura, en la música, en el ciencia, en la política, pero no deja de hacer filosofía. Como un rizoma, que deviene horizontal frente a la “lógica binaria” del árbol, estático y vertical. Crecer así, en esta dirección.

Dos

El mar, la infancia y el despertar de los sentidos, son temas recurrentes en la literatura de Vicent. Leerlo da hambre. “Un imbécil con un teléfono móvil puede extender la imbecilidad por el universo”, comentaba este mes el escritor Manuel Vicent en una visita Lazarote, la “isla extraña”, que pisaba por primera vez. Concentrar el pensamiento y la energía para sobreponerte a una ola concreta puede salvarnos de un temporal, si olvidas por un momento que el mar es un “todo insondable”. Esta lección del maestro, como diría Henry James, reflejada en la columna Las olas, la rescato cada vez que antepongo una idea de algo con hechos que no han sucedido. “La vida hay que tomársela según se presente”, decía en este sentido mi tía María (en realidad era la tía de mi padre) en aquella habitación con una televisión que solo podía escuchar con su único ojo vivo que percibía formas entre confusos destellos de luz. En la nevera de la cocina María guardaba el Seven up helado y gaseoso que daba una fuerza de poción mágica. Qué buena era.

Tres

Casi por primera vez, en este tiempo, las tardes se nublan y el aire comienza a refrescar el balcón. Quedan pocos bañistas y los barcos de pesca flotan inmóviles, amarrados a sus boyas. El horizonte es una línea perfecta que se extiende a ambos lados y acaba donde los ojos pueden llegar.

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