Desde el balcón

Todos vals se parecen pero ninguno es igual. Es como si cada uno hablara del otro y se reafirmara en su cadencia ligera, reconciliadora, refrescante, con melodías de necesaria repetición. En el Danubio Azul están concentrados todos los valses de los Strauss y  la felicidad de un sueño que flota en el aire. Gran parte de lo placentero ya ha sucedido y solo nos queda repetirlo mientras que a la vez cada instante  se muestra diferente. El primer día de 2018 el mundo vuelve a necesitar de la música para seguir. Y el Concierto de Año Nuevo suena en la sala dorada de la infalible Austria. Los  aplausos a Muti, que repite por quinta ocasión en la batuta, se escuchan desde el balcón, donde uno ha guardado el periódico de ayer. La marcha Radetzky, casi un souvenir, permite al público participar de la ordenada alegría que establece el protocolo.

Al balcón llegan dos palomas que se parecen pero no son iguales. Picotean desconfiadas los restos de la cena antes de retomar el vuelo hacia otro balcón. Hace viento y el día está azul.  En la mesa ha quedado una corona roja de brillantinas que también concentra, como el Danubio Azul, sensaciones reconocibles, cuando hace unas horas, la mayoría de nosotros  reproducía similar ritual para prometerse cosas que quizá pueda cumplir.

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