Librero

El propietario de la librería fue antes mecánico de coches. Cuando llegó a la isla, antes de casarse, lo había leído casi todo. Hoy lo he conocido, detrás del mostrador, comprobando las últimas novedades. Al fondo, las estanterías interiores en dos pasillos abarrotados de volúmenes ocultos a simple vista. De cara al público, la librería es un espacio justo, cuadrado, sin ornamentos salvo los que permite el color de las solapas. La ansiedad del lector se supone al intuir lo inacabable.

Pregunto por “La utilidad de lo inútil” y el propietario ofrece “Clásicos para la vida”, ambos de Nuccio Ordine. Los dos se han agotado. No hay más información, aunque en ese momento entiendo que lo inútil le interesa a un número suficiente de personas.

El orden alfabético facilita la búsqueda en las estanterías principales. Por la UM extraigo el libro y lo abro por la pagina 225: “la biblioteca es un gran laberinto , signo del laberinto que es el mundo. Cuando entras en ella no sabes si saldrás”. Al devolver “El Nombre de la Rosa” a su estante, el librero sonríe, como su supiera no solo la página que el azar ha escogido sino la incertidumbre de un hombre perdido.

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