Hormigas

Las hormigas han vuelto. El veneno ha servido solo para asustarlas. Después de unos días aparecen más con las mismas ganas de trabajar. Salen de todos los huecos invisibles que deja la casa. Forman largas y ordenadas filas. Incluso desde la calle, cruzan la ranura de la puerta hasta escalar el cubo de la basura. Sin hacer ruido, caminan discretamente en línea recta hacia su objetivo. No sé que hacer. Las trampas no funcionan. Habrá que hablar con ellas, decirles que por favor, que se vayan a otro sitio, que no pueden estar ocupando la cocina, ni el escritorio, ni el baño. Supongo que ellas habrán llegado antes y han dado por hecho que esto es suyo. Después de todo, han nacido aquí. Se podría sentir uno como el intruso. Quizás fuéramos capaces llegar a un acuerdo, ofrecerles un espacio para ellas donde puedan trabajar y vivir. Con un par de migas de pan al día sería suficiente. Pero sé que será difícil. Solo habla la hormiga reina, y, por lo que he podido saber, la reina siempre está escondida u ocupada. Más veneno no parece una solución. Mañana probaré a darles comida en algún sitio que pueda controlar, como una manera de dar a entender que estoy dispuesto al diálogo y no quiero líos. Pero seguro que tampoco funciona, en cuanto vean la oportunidad, volverán a ocupar, sin permiso, toda la casa.

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