Arepas

Hay una fotografía casi primitiva de músicos que formaban la primera orquesta del pueblo, cuando la salsa no existía o aún no había llegado hasta aquí. La orquesta  tocaba un poco de todo; hacían lo que podían en aquellos bailes cuya esencia no ha cambiado demasiado. Uno de los saxofones abrió una arepera en la entrada que se mantuvo algunos años hasta que las hamburguesas y los perritos calientes dieron paso a otra forma de comida, igual de rápida, pero que solo estaba en la televisión. La arepa es una magia de harina, de posibilidades como lo es la música jazz. Las dos cosas provienen de la necesidad.

En esa foto es probable que pocos queden con vida. Y uno se fija en sus miradas, en su gesto serio y elegante. El batería sostiene dos maracas para decir que somos como el propio repertorio de aquella época y como el interior de una arepa, donde cabe un poco de todo.

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