Asustarse

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Estoy en una biblioteca con una escalera que sube hasta un piso abovedado con cristaleras donde entra la luz de la mañana. Allí estudian algunos jóvenes: subrayan sus papeles con distintos lápices de colores, miran hacia el techo, memorizan en voz baja, consultan su ordenador. Nadie se mueve. Abajo hay una repisa con los periódicos del día. Leo un reportaje del mismo vecino y el mismo empresario que hablan en nombre de todos los vecinos y todos los empresarios. Cierro el periódico.

Al lado hay una mesa con varios libros de Rafael Arozarena y consulto ‘Cómo me hice escritor’. Intento averiguar esa extraña fuerza que empuja a alguien a entregarse a la fábula, a la poesía. “Yo mismo me pregunto por qué escribo y no sé responderme”, dice el autor en el que fue su discurso de ingreso en la Academia Canaria de la Lengua. Arozarena recuerda que Alejandro Dumas fue sorprendido en su infancia por un profesor mientras lloraba en el jardín del colegio. “Por qué lloras Dumas? -preguntó el maestro. Y el niño contestó -Dumas llora porque tiene lágrimas”.

El cuaderno rojo se agota. Apenas quedan unas páginas. En cualquier caso anoté que Juan José Millás decía en el libro de Juan Cruz ‘Literatura que cuenta’ que escribir sirve para “contar unas cosas aparentando que estás contando otras. Por eso la literatura o es metáfora del mundo o no es nada”.

2

Ayer, en otra biblioteca, el poeta y escritor tinerfeño Bruno Mesa presentó su charla ‘Literatura y fotografía, un mismo incendio”. Imágenes y textos, lugares y rostros, espacios e identidades  que se relacionan. La identidad como un “pasaporte falsificado de la memoria”, contenida en lo que le contamos a los demás, lo que nos contamos a nosotros mismos y la cultura en la que vivimos. La suma de nuestra memoria es nuestra identidad, pero esos elementos de la memoria “están falsificados por uno mismo”, son “fábula”, citó.

Fue una interesante conversación colectiva. “Escribo por la necesidad de decir muchas cosas” dijo Mesa, para añadir que le interesa contar “lo invisible”, lo que le pasa a aquellas personas que están ahí y no vemos. A Mesa le interesa más qué piensa una señora que limpia en una oficina del paro que los propios parados esperando su turno, que en realidad son el fundamento de la oficina.

3

Las ‘Prosas reunidas’ de Wislawa Szymborska, recopila los artículos que aparecieron durante décadas en revistas de literatura y en un periódico de su país. Son comentarios a cosas que normalmente no acapararon la atención y que la poeta polaca recogió. En  ‘La importancia de asustarse’  defiende que a los niños les encanta asustarse con los cuentos, “sienten la necesidad natural de vivir grandes emociones”, dice. “Andersen atemorizaba a los niños, pero estoy segura de que ninguno de ellos le guardaba rencor, incluso después de haber dejado de serlo (…). Andersen trataba a los niños con seriedad. No solamente les hablaba de la gozosa aventura que es la vida, sino también de sus infortunios, y sus no siempre merecidas calamidades”, escribe. El libro se puede abrir por cualquier página, consultarlo, releerlo, dejarlo en la mesa de noche, en la mesita del salón o en el baño y volverlo a coger cuando apetezca.

 

 

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