Sueño y realidad

PHOTO CREDIT: Courtesy Alchemy

 

Hace algunos días que el apartamento es un lugar  silencioso, hasta en las horas donde se  supone que la calle no lo es. Esta mañana hacía un día luminoso.  Solo se escuchaban los pájaros  cantando en las casas vecinas  junto a un ligero susurro de coches lejanos  atravesando la ciudad al borde del mar.  Salí al embarcadero porque me gusta ver los barcos flotar. Parejas con poco que decirse paseaban cerca de ese laberinto de mástiles. Tomé un café en un bar donde  suelen llegan los marineros a comer pescado frito, beber cerveza y compartir algún tímido saludo. Tienen  miradas errantes, como sus hogares sostenidos por un ancla y por el sueño infinito en un mundo que saben que acaba. Con cierto alivio entiende uno que el conflicto entre la imaginación y la realidad subyace también en el espíritu del marinero. Detrás de su propia fuerza, en la aventura, también suele haber tristeza, búsqueda, frustración. En este mundo cada uno navega a su manera.

El viernes por la noche cerré la última página de Madame Bobary, que acaba con la palabra “honor”. Minutos después, moría Fidel Castro y  también se cerraba  definitivamente el siglo XX.

El cubano fue muchas cosas, también un hombre de honor, que  como Emma Bobary, se vio superado por sus propios sueños, aspiraciones, por el conflicto entre la imaginación y la realidad. Castro llevó la revolución  hasta cotas universales, románticas, seductoras, todas bajo un dominio excelente del lenguaje y de los tiempos. Pero el mito comunista chocó contra el rodillo del logos capitalista, que se erige como el defensor de la libertad, a todos los niveles, y de un mundo dominado por  otro sueño: el americano.  Da igual de pavor y tristeza saber que desde hace muchos años el régimen cubano no tiene sentido, no se sostiene, como ver a los cubanos en Miami, la mayoría  votantes de Trump,  salir con sus coches a celebrar la muerte de un hombre tan  fundamental sin el que Estados Unidos no sería lo que es y viceversa.  ¿Acaso el sueño americano  no es también un fracaso?. En ese sueño, donde tus deseos se pueden hacer realidad, a costa de casi todo, conviene revisar algunos conceptos, empezando por esa libertad. Uno se pregunta dónde está el punto medio cuando Europa también comienza a dar signos de fisuras preocupantes.

Daba la impresión de que lo  que movía a Castro a seguir adelante, a no torcer el rumbo de su proyecto, era pensar en que la felicidad futura era posible, de que llegaría la justicia social, su justicia, la victoria de los sueños frente  al presente inevitable. Pero sabía,  junto a una obtusa falta de aceptación, que   todo estaba cambiando ante sus ojos.  También la desdichada Emma Bobary, ante  el amor superlativo,  nunca llegó a aceptar que el presente era otra cosa diferente al imaginario de la pasión que todo parece trastocarlo.  Desbordada por  “un deseo de intimidad casi imposible”, prefirió una muerte programada.  En algún momento de nuestra vida  todos hemos sido Madame Bobary y, salvando las distancias,  a muchos  también les hubiese gustado tener el valor de Castro.  En cualquier caso, el comandante ya no existe. Se convertirá, como Emma Bobary, en literatura eterna, atemporal, en historia infinita.

 

 “Las felicidades futuras, como los ríos de los trópicos, proyectan sobre la inmensidad que las precede sus suavidades natales, una brisa perfumada, y los que las perciben se adormecen en ese arrobamiento sin cuidarse si quiera del horizonte  que no se  vislumbra”. Madame Bobary,  Gustav Flauvert.  

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