Vínculo

la foto (13)

“Nos hacemos una idea exagerada de lo que no conocemos”, decía Camus en el Extranjero. Así lo he anotado en el cuaderno antes de agotar la página con una lista de la compra. Una lista convencional para empezar en una casa convencional: agua, arroz, aceite, lejía, leche , huevos, fruta, verdura, galletas, té, azúcar, sal, comino, orégano, pasta, lentejas, Cola Cao, fregona, cubo para la fregona, bolsas de basura, cubo para las bolsas de basura, champú, cerveza y fósforos. Todavía no hay ninguna clase de vínculo entre estas paredes donde otros se han llevado sus  recuerdos. El olor es neutro pero empieza a ser reconocido. Huele a pintura nueva y a mano de obra barata. Huele a madera, porque los armarios, la cama y las puertas son de madera. El vendedor ha vuelto a repetir “funcional”, “coqueto” y “excelente ubicación”. Hay un vecino todavía invisible. A través de la ventana del pasillo asoma una estantería con retratos de familiares que sonríen a la cámara tras un triste fondo azul. La habitación es oscura y a un lado está su cocina. La televisión logra ser molesta. No sé nada más.

En el cuaderno hay también párrafos del artículo “Qué es la dignidad” que publicaba ayer el filósofo Javier Gomá en El País. “Lo nuestro ya no es ser felices, sino ser dignos de ser felices (…). Lo nuestro es dotar a nuestra vida individual de una forma insustituible, para que así nuestra muerte sea verdaderamente un atropello intolerable. (…). La máxima que guiará nuestras vidas a partir de ahora será: compórtate de tal manera que tu muerte sea escandalosamente injusta”.

Descubro una cafetería donde sirven té con porciones de bizcocho, tartas de limón y nueces. Puedes leer varios periódicos y revistas. Puedes sentarte en un sillón al fondo u optar por las sillas de madera.  Recuerdo cuando hablabas de los vínculos y anoto lo que recuerdo. “De alguna manera, el vínculo que crees que ya no existe está. Pensamos que no se ve porque lo hemos rellenado de frialdad y, con los años, con esas capas, lo hacemos más invisible.  Pero sientes que te une algo primario cuando ves el final cerca. Cuando se acaba tu existencia como hija. Es como si pensaras: ahora, de aquí en adelante, estoy sola”.

 

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