Manta pequeña

la foto (9)

Los niños se lanzan al agua sin nuestra prudencia. Suben y bajan las escaleras de piedra  que acceden al muelle y  estiran sus cuerpos en el aire para caer verticales al mar.  El sol machaca las pieles de las mujeres en bikini que miran a la vida boca arriba, cubriendo sus rostros, desconocidos y habituales, con enormes sombreros o finas hojas de revista de domingo. La brisa alivia la sensación térmica  del mediodía, luminoso y pesado, hasta la tarde, donde todo comienza a descender: la marea, los toldos de las tiendas,  el viento furioso de la mañana,  la música en la plaza, los gritos de los niños y de sus madres, el ritmo de los corredores. En el paseo deambulan parejas silenciosas, perros que salen de sus casas cuando sus dueños lo deciden. Hay bicicletas aparcadas en la acera y gente a la que le gusta despedirse del sol cada día.  La playa queda sola y abandonada. Poco a poco, el agua cubrirá  ese mundo transitable de arena que ha dejado huellas inútiles, rastros fugaces de nuestros pies hacia ninguna parte.

Hoy acabé el relato Último verano en Seatle, de Daniel Monedero, que dice :”Vivir es como dormir en una manta demasiado pequeña, si tiras de un lado, te dejas al descubierto las piernas, si tiras del otro, los brazos y la cabeza. La vida es como una manta pequeña y uno siempre se deja alguna parte del cuerpo a la intemperie”.

Está en Manual de jardinería (para gente sin jardín). Relee. Red Libre Ediciones 2016.

 

 

 

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2 comentarios en “Manta pequeña

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