Escribir es muy difícil. Hay maneras de escribir como de mirar y conviene no subestimarlas. Pueden ocurrir dos cosas: que sepas lo que vas a decir o que las palabras vayan surgiendo sobre un motivo, como escuchar rock, donde todo parece maravillosamente necesario y previsible o jazz, donde los acordes solo son soportes que marcan el camino pero no el paisaje. Ambos requieren habilidades diferentes y complementarias, igual de complejas. Su capacidad de asombro no depende de una sola cosa pero suele empezar y acabar en la misma: el talento, que nace o se hace, o despierta de un sueño o nunca despierta.
Uno disfruta y admira la literatura sostenida sobre la armonía de un standart, en ideas que generan sorprendentemente otras. Sin embargo, aventurarse con una escala que no corresponde a la tonalidad tiene sus consecuencias. Insisto: escribir es muy difícil. Solo los buenos improvisadores son capaces de que recuerdes el sonido de su instrumento. Hay un enorme mundo que se crea por un lado a la vez que se destruye por el otro. Hay leyes invisibles propias de la matemática perfecta disfrazadas de azar.
Me ha encantado la similitud de la literatura con la música, dos de mis grandes pasiones 🙂
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gracias Lihem. un abrazo.
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