Postureo

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1
Intento explicar a un grupo de adolescentes los giros inesperados. En “Relatos Salvajes”, el hijo de un hombre sin escrúpulos y maleducado (si eres maleducado poco se puede hacer), es víctima involuntaria del veneno que la camarera de una pizzería había puesto en la comida para vengarse de esta persona, que había violado a su madre. Como el hijo aparece y todo sale mal, la cocinera lo apuñala. El chico logra salvarse al vomitar el veneno junto al charco de sangre de su padre muerto, tendido boca abajo. La venganza, un sentimiento que puede no tener límites, recorre las cinco historias del filme argentino, cuyo final es una disparatada boda donde otra vez lo inesperado corrobora lo ilusos que somos al creer que controlamos nuestras vidas.

2
Hay una conexión de Internet que llaman “el pincho”. Y tiene gracia. Te pones el pincho y a navegar. Me gusta más la palabra navegar. Suena a un viaje por espacios abiertos; imaginamos un barco con velas cruzando el océano. Imaginamos dejarlo todo atrás… bien atrás. La operadora me pide mis datos personales y la cuenta bancaria e insiste en que no me puede enviar por escrito las condiciones del contrato. Sólo por teléfono. “La llamada está siendo grabada”, se excusa. Me pregunto quién lo hace y dónde esconde la grabación, por si un día quiero escucharla.

3
En la biblioteca se ruega silencio. El susurro es como un sonido impertinente, casi peor que hablar sin esfuerzo. “Aquellos usuarios que no respeten el silencio se verán obligados a abandonar la biblioteca”, dice un cartel junto a otro aclaratorio: asiento individual. Hablar es casi inevitable, como dejar de pensar. Nos cuesta estar callado más de una hora, como también dejar de movernos. Estar quieto es lo más difícil que hay.
Los libros descansan en estanterías azules. Una señora custodia el tiempo de Internet. Tiene aspecto de haber fumado muchos cigarrillos a lo largo de su vida y dejarlo solo por indicación médica. Es una señora con un sentido del humor oculto, que sonríe si previamente tú lo haces. Trabaja al lado de un ventilador marrón marca “Firstline”. Tiene el pragmatismo de una bibliotecaria cansada de mandar a callar.
Fuera, el viento azota la calle fría en este invierno descompuesto.

4
Me hablas del “postureo” en el Día de la Mujer Trabajadora. De poco sirven los actos frente a los ayuntamientos, diputaciones, gobiernos, de las semanas dedicadas a la mujer; ese silencio hipócrita, con mirada neutra, como queriendo decir que la cosa va en serio. Esa actitud efímera, que desaparece en determinados hogares y relaciones. La cuestión de género, histórica, se torna compleja y difícil de atajar. Pero la igualdad no pasa por establecer “días de”, sino prioridades en la educación y la cultura, en las leyes, prioridades serias, relegadas ahora a la demagogia del postureo, la nueva reivindicación de un “yo” quizás cargado de intenciones, pero con vagos argumentos, estériles, que se reivindican en el muro infinito de Internet.

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