Paseo

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Paseo para mitigar el cansancio acumulado de estos días inciertos, quizás más de lo que uno puede entender como inciertos, o menos de lo que siempre imagina. Raros días que amanecen con el cielo cubierto de polvo y un frío tímido, como si los restos del hielo permaneciesen en las pequeñas partículas que trae el desierto. Hay amigos que por alguna razón, sin tener que corroborar la estupidez del compromiso, siempre están, como el ser que permanece ante el devenir de este mundo rápido y contradictorio. Y esos amigos te dejan una cama, un baño y utilizar los calderos. Y eso es suficiente para cualquiera que quiera seguir viviendo.

Paseo entre los barcos que rozan sus cabos en un puerto pequeño y quieto. Solo hay calma y una breve sensación de despreocupada libertad. Quería estirar el cuerpo unos minutos, olvidar los pequeños dolores nómadas, expertos en confundir a un alarmista a punto de irse a una cama que acepta tu olor. Con los días el cuerpo va haciendo suyo lo ajeno, en el íntimo acto del sueño.

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