Todo lo que nos gusta

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Cambiar las ruedas del coche es otra oportunidad para seguir adelante. Encuentro cierto placer en observar el trabajo de los talleres  de mecánica rápida. Ver  el coche elevado sobre la máquina que alinea direcciones; el ajuste de la circunferencia perfecta de la rueda en el contrapesado; cómo cae el aceite al enorme embudo se asemeja a una ballena que pierde su sangre después de una larga batalla. El mecánico domina en silencio las certezas de las leyes físicas y vive con la convicción de que hay pocas verdades más claras que el mecanismo de un motor.

El otro día, mientras acababa La noche más larga en la Isla Esmeralda, del amigo José Luis Cámara, mi coche colgaba sobre uno de esos elevadores mágicos, sin protestar, diría que agradecido de que por fin haya decidido cuidarlo un poco, no dejar que el tiempo le afecte más de lo necesario. Confieso que a menudo le pido perdón, porque siempre necesita más agua, por hacerle llegar demasiado cansado a las gasolineras, por dejar las alfombrillas delanteras y traseras como están, por permitir que una fauna no tan microscópica habite los miles de huecos entre los sillones. También hay lápices, cigarrillos, servilletas sin usar, discos compactos, recibos del banco. Mi coche no acaba de curarse de un fallo congénito en el mecanismo de la elevaluna, pero nadie es perfecto. Se mantiene vivo y joven, en pie, y llega a los lugares que quiero que llegue y me da la música que le pido. Además es francés, con lo que se le supone un estilo. Dice Ricardo Piglia en Los diarios de Emilio Renzi :“el estilo no es otra cosa que la convicción absoluta de tener estilo”.

Envidio a las personas que tienen un método para acabar las cosas que empezaron a fraguarse  en la cabeza. Somos lo que hacemos, no lo que pensamos. En un año por Nueva Zelanda, Australia y Camboya, durante una huida necesaria, cuando la dinámica del periódico te devora, Cámara se sacó de la manga el cuaderno de viajes Rumbo a un Sueño. Ahora, de vuelta al oficio,  publica La noche más larga en la Isla Esmeralda, donde habla acertadamente sobre Irlanda, sus paisajes,  los fantasmas del IRA, los amores soñados y vividos. Me pidió opinión sobre el libro y le hablé del reto personal que supone “enfrentarse a la literatura”. Todo lo que nos atrae, que no conocemos, lo que nos gusta y no sabemos para qué sirve está en ella y no en ninguna otra parte.

 

 

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