Atrás 2015

la foto (8)

Al amanecer, desde la última planta del Victorian House, se escucha el murmullo universal de la calle, con esa imparable capacidad que tiene de la vida para avanzar siempre, pase lo que pase. Despierto en una habitación casi perfecta: el piso de madera, el baño está limpio y la ducha es caliente. El techo cae a dos aguas y hay ventanas hacia el cielo. La cama te abraza en sábanas blancas de algodón. La realidad siempre es diferente a como la habías imaginado. Reconozco que la tormenta que azotó York había desatado cierto miedo, razonable por otra parte, sobre lo que uno se iba a encontrar en Escocia. Pues un frío soportable bajo apenas unas gotas de reconfortante lluvia. Diría que es un tiempo aristotélico, que sabe guardar ese punto medio. No diluvia ni es precisamente un ejemplo de cielo azul.
Anoche despedí el año exento de uvas y del ridículo material festivo. El mayor deseo fue sentir que estoy vivo. En la George Square, en Glasgow, solo esperaban bajo el reloj de la torre cuatro españoles y un grupo de jóvenes asiáticos siempre esperando una foto. Cada vez nos parecemos más a ellos. Los compatriotas, de Zaragoza y residentes en Alemania, venían de un periplo de fútbol, hoteles de literas compartidas y cerveza por UK. Fuimos a tomar una pinta en uno de los pubs  cercanos a la West Nile Street, donde dos horas antes comíamos en un mejicano estupendo, abarrotado pero poco ruidoso. Una mesa al pie de la ventana. Una camarero que estuvo en Valencia. Sonaba salsa y rock fronterizo. En esta ciudad no escuché, ni en las tiendas, ni en los supermercados o restaurantes, una mala canción. El frío, la bruma, la poca luz, la historia que rodea una Glasgow reconvertida en el gusto por la arquitectura como arte, hace de sus gentes un ejemplo de buena educación.

Al regresar, deshago la maleta, meto toda la ropa en la cesta, coloco el paquete de té verde del Starbucks en la caja de las infusiones, rezo porque el cd de Coleman Hawkings se escuche bien, me meto en la ducha mientras pienso en qué comer. Todavía los aguacates están duros como piedras a pesar de que llevan días expuestos a la claridad, envueltos en papel, intentando madurar a través de la ventana. El día menos pensado comenzarán a tomar un aspecto blando y oscuro por fuera. Ese será el momento de hacer algo algo con ellos. Ahora no. Hay leche en la nevera, chocolate y galletas. Eso parece suficiente. Suena I,ll Never Be The Same en esta noche que parece más fría y larga que la de ayer. Pese a los miles de kilómetros, es la misma noche, con sus estrellas inalcanzables y su ciclo infinito.

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