Fruta fresca

la foto

 

Queda medio melón en la nevera. El vecino lo saca de la tierra como si fuera un perfecto balón de rugby comestible a cualquier hora. De vez en cuando me trae uno. Indica cómo cortarlo, las partes amarillas que ya están maduras. A veces trae plátanos o papayas. Toca la puerta brevemente y espera. También aparece con dulces, muy dulces y pequeños, exquisitos con un café por la mañana. Los prepara su mujer. Debe cocinar muy bien por los olores que cada día salen a través de las escaleras. Olores a especias y a guisos de oriente. Antes de abrir la puerta ella pregunta quién es y cubre su pelo negro con un pañuelo. Un día el vecino me ofreció un plato de cordero, convencido de que el sacrificio de este animal es una manera de seguir cumpliendo con su vida y con El Corán que reza cada día hasta ocho o seis veces. Comienza temprano, a las seis de la mañana. Con una bata blanca, camina cuesta abajo hacia el salón convertido en mezquita, donde si te acercas, se oye esa música gutural y luego el silencio. Su hija piensa en español y contesta en árabe o viceversa. Marwa es pequeña, delgada y tiene los pelos rizados. Normalmente está sonriendo, con esa fortuna infantil de los niños que todavía no entienden lo que es llorar por las cosas no físicas. Enferma de catarro cuando empieza a llegar el frío que entra en las paredes de las casas y en las sábanas de los dormitorios grandes y pequeños. La primera vez que estuvo en Marruecos casi no comió hasta que el estómago se adaptó a sus raíces. Su padre me pide que escriba un pequeño texto en una cartulina azul con las cosas que hace Marwa. Hay fotos , con su mascota, jugando en el parque, con los compañeros de clase. Su padre a veces me pide que le traduzca alguna circular del colegio; reuniones de padres y madres con palabras técnicas que pueden ser prescindibles; imprimir algún papel de la Declaración de la Renta. Su padre puede arrancar un coche que no arranca, montar un mueble de madera, pintar las paredes sin dejar la casa hecha un asco, arreglar un grifo descontrolado. Su padre me pide pocas cosas. Nada comparado con esa generosidad espontánea de la fruta fresca.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s