Libre (2)

la foto (10)

Algo le ocurre al motor de la pecera que has decido instalar en el salón. Los peces acercan su cabeza al cristal para escapar de las burbujas enormes que cubren su territorio. A estas horas, nadie podrá solucionar la avería, así que desconectas el aparato mientras ellos te miran con la boca abierta. Viven a base de trozos de papel con sabor a porquería marina. Nunca han comido otra cosa y poco les debe preocupar.

La noche es fresca y silenciosa. En el jardín, los niños han dejado sus juguetes: la pala mecánica, la pelota de baloncesto, los muñecos con súper poderes. El perro duerme profundamente en su caseta. Los coches, helados con el sereno, están aparcados en el mismo orden. Tu marido, pase lo que pase, siempre llega antes. La mesa en la que habéis cenado está completamente recogida. Todavía quedan suaves restos de jabón que huelen a cierta distancia. Hay un cesto con más de una decena de llaves y dos manzanas a punto de marchitar. Por alguna razón, alguien ha dado por hecho que la fruta nunca caducaría.

Hace días que brillan estrellas nuevas, como si acabaran de aparecer en el Universo. Apoyas tus brazos en la baranda de la terraza mientras sostienes un vaso de leche caliente. Con cada sorbo piensas en el año que se ha ido. Hay cosas que han cambiado y que poco puedes hacer para detenerlas. Estar con los tuyos hace que te sientas protegida. En ocasiones, te atormenta la idea de que también podrías haber estado en otra parte, con otra familia, en un jardín diferente, con otro hombre dueño de sí mismo. Todo ha dependido de pequeñas decisiones. En realidad, no sabes de qué ha dependido, nadie lo sabe. También te aterra perder la cabeza en personas que andan a lo suyo, esos hombres que no logran querer nunca y habitan en tu espalda. Después de todo eres una mujer exitosa pero pareces no comprender que eso ya es secundario. Si ya tenías en tus manos la vida que buscabas, para qué continúas soñando con ser otra. A veces la vida se erige como dentro de un periódico, llena de noticias que se van difuminando con el presente, porque la gente necesita siempre otra novedad inmediata y tu eres una de esas lectoras.

El vecino acaba de llegar. Cuando abre torpemente la puerta se escucha a Phil Collins en “Another Day in paradise“. Emula la batería dando golpes al volante y moviendo la cabeza arriba y abajo. Entra en su casa arrastrando las piernas, como si estuviera herido, pero esta borracho y, en cierta manera, también está herido. Mañana será miércoles y con esa obviedad decides volver a la cama. Al pasar por el salón los peces continúan despiertos. Las burbujas han desaparecido y  en la superficie flotan restos de comida que deberás recoger. Contemplas los retratos de la estantería donde están los libros. Tu familia, la que ahora duerme en cada habitación, sonríe en las fotos. Tus suegros también sonríen, incluso los perros, cuando eran unos cachorros, parecen hacerlo. Allí estás, más delgada, abrazada a tu marido en un viaje lejano, cuando eras más joven, despreocupada y creías ser libre.

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