Flexible

la foto (11)

Llevo algunos días evitándome. En la televisión han añadido más canales y allí hundo la cabeza. También me siento a tocar; leo; salgo a moverme; ideo alguna receta de cocina; hago llamadas obvias; escucho un disco; escribo. Todo menos pararme a pensar en cosas que debo solucionar. Es una postura que he ido adquiriendo no sin esfuerzo, como si estuviera desorganizándome. A ver si dejo de controlarme. A ver qué pasa.

No conocías el mar de esta parte, pero nadaste como una adolescente hacia afuera, donde las normas no existían y pocos podían oírte. El agua estaba en calma, azul, oscura, salvaje. Golpeaba la roca negra que rodeaba la playa. Los niños se lanzaban desde lo alto y subían imparables por la escalera metálica. El musgo era un cuadro de colores exclusivos cubierto de sal.

Eras un punto a lo lejos que regresaba despacio. La arena te quemaba los pies y reías de manera despreocupada. El sol era inevitable, como todo el verano que nos azota. Yo siempre debajo de la sombrilla, huyendo de su castigo y de sus virtudes. Era un ser pequeño y absurdo. Todo lo que había pensado hacer lo deseché en ese momento. Las ideas de futuro, los proyectos, se desvanecían como las olas que mueren en la orilla. “No eres flexible. Te bloqueas cuando algo escapa a tu control”. Eso dijiste y tenías razón.

Al mediodía recogimos. Tenías la piel seca y el pelo mojado cuando dejamos atrás la playa que ya era un horno intransitable.

 

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