37

la foto (9)

Siente uno que no ha conseguido demasiado y si mira hacia atrás se da cuenta que más de una vez ha acariciado la piel de las cosas que ha querido ser. La dificultad para aceptarme, el seductor susurro que te empuja a querer ser otro suele aparecer como aquel pájaro con alas de metal que posa sus garras en la ventana de la habitación donde descansas y sueñas cada noche. Hay veces que algo te dice quédate quieto, no te muevas, tómate un taza de té y deja que la tarde avance hasta la oscuridad tranquila y previsible. Abraza a los tuyos, permite que alguien conozca tu interior, no hagas planes de futuro. Otros días, todo lo que aparece ante tus ojos es demasiado cercano y tedioso. Empujado por una engañosa insatisfacción permanente buscas nuevas caras, paisajes, costumbres, amores, experiencias. Y uno es las dos cosas: quietud y movimiento, cordura y contradicción e intenta salvarse entre lo que le inquieta, sorprende, entretiene. Con el paso del tiempo quizás comience a entender la fórmula para lidiar esa manera de ver el mundo, manejar esos opuestos que están dentro, donde se toman las decisiones más importantes en la aventura del vivir.

A los 37 lo mejor está por llegar. Estoy seguro.

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