Vacaciones

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El hotel estaba en medio del bosque, cerca de un balneario al que acudían personas llenas de dolores, dispuestas a dejarse ablandar el cuerpo por aguas milenarias que alguien había catalogado de medicinales. Alrededor del hotel había un jardín con los árboles más altos del mundo y otras especies difíciles de encontrar en un jardín cualquiera. Todas las tardes bajaban a escuchar los pájaros y a ver comer a los patos que flotaban en una fuente, convertida con el paso de los años en una suerte de pequeño lago donde caían las hojas todavía brillantes. En ocasiones se escuchaban las ranas. El bosque era inmenso. Desde la ventana del hotel los pinos dibujaban una alfombra verde quieta y viva. Seguía oliendo a primavera en los primeros días del verano. Los pájaros se perdían en ese paisaje infinito. Unos caían en vertical desde las alturas y otros llevaban un vuelo estable, casi sin esfuerzo, hasta desaparecer.

Había llegado al hotel empujada por la idea de tomar una decisión. Llevaba años así, intentando sobrellevar esa fuerza contradictoria y adictiva que con la misma intensidad que la unía la separaba de él. Nadie sabía de dónde venía. Atenuaba las ganas de acabar con todo dando largos paseos, sin avisar, como si buscase alguna respuesta diferente entre aquella naturaleza. Cuando regresaba, convencida de que hoy era el día, parecía que ya era tarde. Y tras una larga ducha, cenaban juntos en el comedor que olía a flores, a vino y a perfumes frescos de pieles anónimas y perfectas. Y se tocaban las manos mientras se decían pequeños secretos sin importancia. Y toda esa decisión se iba desvaneciendo, como si ella misma hubiera justificado que ya no valía la pena hablar. Y el sueño llegaba como un consuelo profundo y confuso. Y por las mañanas regresaban los mismos pensamientos, siempre inútiles, estériles.
De alguna manera, en medio de aquella nube de días soñados, encontró un punto intermedio donde soportarlo de manera sutil, más convencida de que el futuro se presentaría tal y como transcurrían sus vidas, sin demasiados sobresaltos, en unas tranquilas vacaciones.

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