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Garajes

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Fuera de la hilera de casas había un camino de tierra donde algunos árboles y rocas sobrevivían al paisaje. Toda la urbanización crecía sobre una montaña que ya no existía. Calles estrechas, balcones de aluminio, garajes diminutos, jardines idénticos, mascotas de raza peligrosa, vecinos anónimos. Así era la vida silenciosa de aquel lugar. Abajo se extendía la autopista y la ciudad. La noche estaba clara y desde el camino se escuchaban coches lejanos, la brisa del barranco. Las luces de algunas casas estaban encendidas y los perros habían dejado de ladrar. Esta vez las estrellas y los planetas parecían más cerca, como si fueran posibles de alcanzar. Esa ilusión la llevó a adentrarse en el camino y llegar hasta una pequeña colina. Desde allí, vio las cosas quietas y también en movimiento. Todo lo que antes era confuso, parecía ir cobrando sentido.

 

 

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