Puertas

la foto 1

Amanecía en aquel apartamento frío. La claridad entraba por los huecos que dejaban las persianas de madera. Estábamos en el dormitorio, con la puerta cerrada, metidos en la cama, abrigados hasta el cuello. Fuera, los platos de la cena se amontonaban en el fregadero. Parte de la ropa estaba entre el salón y el baño. Habíamos dejado las copas en la terraza. La noche nos permitió comer muy despacio, decir cosas que ahora parecían inconfesables. Hablaste de la familia, de la relación con tus padres, de los misterios del universo, de tu aspecto tranquilo y carácter nervioso, de las propiedades de la papaya, de los pasos que habías dado para llegar hasta aquí. Creías que ya no era posible estar en un sitio por mucho tiempo. Pronto meterías tus cosas en cajas de cartón. Ahora tu olor estaba en cada punto de la cama y el resto de habitaciones, en la ropa colgada y hasta en el paño de la cocina. Esa mañana, al despertar, dijiste que habías soñado con puertas, con una casa enorme y blanca llena de puertas que se abrían. Mientras estabas en la ducha pensé en todo aquello. Luego desayunamos y te marchaste. Me tocó limpiar los platos.

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