El apartamento

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Hubo un época en que tener un apartamento en la costa era algo casi de obligado cumplimiento para aquellas familias de clase media menos preocupadas que hoy por su futuro. De pronto, pese que había días de cierto sofoco nocturno en medianías, cuando se olía el verano muchos huían al mar. Los ricos compraban directamente sus casas y los que soñaban con serlo alquilaban un modesto apartamento de los cientos que se multiplicaron en aquellos años del ladrillo que acabaron con las playas y arrinconaron a pueblos pesqueros enteros. Nosotros hemos tenido la suerte de tener amigos, conocidos o gente de buena fe que de alguna manera nos facilitaban ciertas cosas. A mi padre le regalaban y prestaban muchas y un año el regalo fue un minúsculo apartamento en Playa de la Arena donde dormíamos los cinco. Mis hermanas y yo en el sofá cama del salón y mis padres en el dormitorio. Aquellos dos meses eran probablemente los más felices del año. Veranear, salir arrugados de la piscina, derrotados de un día de playa. Estábamos negros del sol. Por las noches volvíamos a la arena, que conservaba el calor del día. Jugábamos a las cartas, al escondite, a perseguirnos detrás de las hamacas amontonadas y envueltas en lona blanca. En la terraza sonaba el órgano del hombre orquesta. Las olas golpeaban la orilla solitaria donde pequeñas piedras arrastraban un sonido hipnótico que se repetía en cada sacudida. Solo tengo recuerdos bonitos, ninguna tristeza.
Más tarde supe que el apartamento fue vendido por muy poco dinero. Que mi padre rechazó la oferta, como ha rechazado otras muchas cosas en la vida. No conviene pensar en lo que hubiera sido determinada situación al elegir un camino u otro. Perder el tiempo en analizar cada una de nuestras decisiones puede llevarnos a la insatisfacción permanente. Además, tampoco es tan importante. En ese momento no lo entendí. Ahora el apartamento lo estará disfrutando una familia, un hombre solo, la hija separada de algún desconocido. Nunca se sabe. Quizás esté cerrado, con un limón podrido en la nevera.

 

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