Regreso 2

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Poco ha cambiado la casa. Excepto que ya no hay animales. Solo aves ajenas que se posan de vez en cuando en el tejado antes de seguir su camino. El salón sigue cubierto de cortinas grises, oscuro y limpio. Enormes estanterías con libros y portarretratos. Tampoco hay fuego en la chimenea. En realidad nunca lo hubo. Los patios están en silencio, desnudos, con algunos rincones cubiertos de hierbas que se extenderán previsiblemente hacia otros lados. La brisa fría del otoño acaricia las paredes y las nubes cubren el cielo como si fuera a caer una tormenta. Pero nada de eso ocurre. Todo permanece quieto. Las ventanas y las puertas de la casa están cerradas. La luz del salón encendida. Allí espera su madre viendo la televisión, con una manta sobre las rodillas y una naranja pelada en la mesa donde deja las gafas de cerca. Su padre hace rato que duerme como si no tuviera ganas de despertar.
“Desde que tu padre dejó de beber nuestra relación ha perdido pasión. Es así por mucho que me pese. Ahora pasa todo el tiempo en la sala de herramientas. Arma y desarma cosas. Luego sube, abre la nevera, pica un trozo de queso y vuelve a bajar. Los sábados anda en el huerto y tampoco sé qué cultiva, porque todavía no he visto una verdura en la cocina. Tu padre es otra persona o está intentando serla, después de todos estos años empeñados en construir esta casa en medio de la nada y darles una vida mejor. Y ahora vienes a pedir consejo, a preguntarme por qué no te hemos educado como los demás. No lo sé hija, hemos hecho lo que hemos podido. No somos ese tipo de familia que se reúne todos los domingos en la barbacoa. Ahora tengo que ocuparme de saber quién es tu padre, volver a recuperarlo sin que pruebe una copa más. Porque a estas alturas de la vida solo aspiro a estar tranquila. Puedes quedarte el tiempo que necesites, tu habitación está como la dejaste. Por tarde en la cama hay ropa planchada, pero eso supongo que tiene remedio”.
Pasan un tiempo en la sala. Abrigadas. El niño, agotado por el viaje, apenas reconoce a su abuela que le acaricia la cabeza. Es tarde y todos tienen sueño. Ella entra en su habitación y se quita algo de ropa. En pocos minutos duerme como su padre.

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