Cine y gimnasia rítmica

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De pronto llegó la gimnasia rítmica al pueblo y la mayoría de las chicas se sumaron a esa fiebre. No tardaron en ponerse esas mallas y zapatillas mínimas que sólo eran útiles al caminar sobre la punta del pie. La disciplina incluía una tabla inicial de estiramientos y diversas coreografías. Algunas chicas lograron tener especial flexibilidad y se arqueaban como serpientes ante la mirada de las más rígidas, conscientes de que su cuerpo no daba para demasiados malabarismos. Fue una profesora la que introdujo todo. Acostumbrada a tratar con adolescentes, un espejo para ellas; unos calentadores cubrían sus piernas atléticas, completamente maquillada, escondiendo el paso de la vida por su rostro. La gimnasia rítmica se daba en los colegios y en el cine. Allí acudíamos nosotros los chicos, a contemplar como los cuerpos se movían al son de los maestros rusos. En el cine, las mirábamos como gatos a cierta distancia, tarde tras tarde, situados en las butacas que habían dejado al final de la sala. Las primeras chicas que llegaban estiraban la enorme moqueta y lanzaban las masas, pelotas y los aros al aire, algunas con más destreza que otras. El cine ya no era un sitio donde se viesen películas. Poco a poco se fue trasformando en algo diferente que no logró cobrar identidad: lugar con escenario, salón de fiestas, fumadero, hasta que fue derrumbado para hacer un auditorio. En el cine vi por primera vez “E.T.” y “Lo que el viento se llevó”, además de innumerables películas del oeste y artes marciales, que para nosotros eran de kárate. Aquellas películas nos emocionaban tanto que aplicábamos las patadas, sin éxito, nada más acabar la sesión. Había un descanso en la mitad e íbamos a la cantina a por millo y pipas. Una moda era tirar pipas al otro y hacerse el loco. Otra era levantar  con el pie por detrás el asiento de la butaca. Los que podían lo hacían, solo para joder al otro. “Tápate la boca”, recuerdo esa frase al salir del cine.

Las dos cosas, el cine y la gimnasia rítmica, desaparecieron. Las chicas se hicieron mayores y abandonaron la disciplina sistemática que requiere este arte en movimiento. El cine cerró y nosotros nos olvidamos de todo.

 

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