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Nada que decir

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Empiezo esta página sin tener nada que aportar. Necesitaba sentarme para decírmelo a la cara y entiendo que la cara es la pantalla del ordenador. Intento que salgan cosas a medida que las palabras van rellenando la hoja en blanco del procesador de textos. Abajo sigo escuchando las mismas voces de la tarde. Los vecinos están arreglando el suelo del garaje con una máquina que machaca hasta las piedras más duras. Ahora parece que se han callado. Ayer vi al dueño de la casa dentro del garaje, entre escombros, delgado y moreno, con expresión poco decidida y la sensacion de haber meditado mucho la idea de romper el suelo para hacer uno nuevo. Fuma todas las noches en la ventana del cuarto de la azotea y mira al horizonte, como si estuviese ajeno a la vida en familia. También ahora escucho algunos pájaros y ladridos que se mezclan con el paso de los coches. A medida que avanza la tarde y la calle oscurece solo queda que llegue el camión de la basura, justo antes de medianoche, y se lleve la porquería diaria del contenedor, donde alguna vez he encontrado gatos intentado atrapar los restos de comida. De un salto desaparecen a refugiarse debajo de los coches. Cuando te miran parecen mansos pero en la vida nadie los ha tenido en sus brazos.
Sigo sin tener nada que decir. Ya ven, podría hablar de la actualidad, de todas esas noticias, muchas de ellas injusticias planetarias que nos dejan las aperturas de los telediarios y los debates nocturnos. Pero para eso ya está la tormenta informativa cotidiana , cansina y atrapada en la necesidad de contar lo que pasa cada instante. Un cosa: hay un libro de José Luis Sampedro que se llama “Escribir es vivir” y que ha caído por suerte en mis manos. El libro recoge las conferencias  sobre la escritura y sus claves que el escritor, economista y humanista fallecido el año pasado, impartió en la Universidad Menéndez Pelayo en el verano de 2003. Sampedro cuenta su experiencia vital y la manera en la que desde pequeño descubrió el mundo de la literatura. Los pueblos donde vivió, la gente que conoció y un camino recorrido inspirador en cada una de sus obras hasta hacerse un “buen escritor de segunda” , así se define. Toda la humildad y la curiosidad de un ser humano que solo buscaba vivir con dignidad y apreciar la belleza de las cosas se ve reflejado en cada anécdota o apunte de un hombre que puso por encima del dinero a los valores humanos y que a pesar de estar al frente de la banca (entre otras profesiones) nunca supo “absolutamente nada de operaciones bancarias”, ironizaba. Ajeno a la tecnología, apuntaba cualquier idea en una pequeña libreta para no dejar escaparla. Es importante que cuando tengamos una idea que consideremos provechosa la apuntemos, porque rara vez vuelve; se pierde en los laberintos de la memoria. Yo no uso libreta, sino el móvil donde anotar cualquier tontería. Confieso que muchas de las líneas de este blog salen de un pensamiento fugaz que llega cuando menos te lo esperas y conviene anotarlo. Así aprovecho la oportunidad, cuando el tiempo lo permite, de decir algo sin decir demasiado o viceversa. Pues sí, después de algunos minutos probando palabras y dejando que el pensamiento se ordene un poco, ha salido este “Escribir es Vivir” del que poco me queda para acabar y mucho estoy disfrutando. La idea de ser escritor me fascina y seduce cada día. Por eso hago que escribo hasta que suene la flauta. Así me siento mejor.

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