Verano7

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Saliste a dar un paseo después de cenar y al cerrar la puerta dijiste que no tardarías mucho en llegar. Fuera, el viento y las olas no paraban de sacudir a un pueblo que parecía asustado ante algo que pudiera suceder. Los negocios habían cerrado, excepto el restaurante de abajo, donde una triste clientela miraba la televisión. Yo preferí quedarme en casa, a ver si salía algo decente que se pudiera mantener en el tiempo sobre un página de papel:

Cuando se dieron cuenta las dos habían caminado lo suficiente para estar ya lejos de la fiesta. Desde el muelle se veía toda la bahía iluminada y la música era casi imperceptible. Algunas luces cambiaban de color y otras se apagaban para aparecer en otro punto. A decir verdad, a estas horas dormía casi todo el mundo, menos la gente que se resistía a volver a casa, abrir la nevera, comer algo y ver la tele hasta quedar vencida. Era una noche fresca. El cielo estaba limpio y claro, lleno de estrellas brillantes por todos los lados.Una fina capa de humedad enfriaba la lona de las atracciones de feria.

Las dos subieron las escaleras del muelle y se sentaron junto al faro colgando los pies hacia el mar abierto. “El agua debe estar helada. Impresionaría caer desde esta altura, tendría que haber algún motivo de peso para lanzarme”, comentó una. “Sí, impresionaría salir volando desde aquí. Respecto al agua, no todo es lo que parece, seguro que conserva todavía algo de calor, pues hoy ha hecho un día espléndido”, contestó su amiga. “Necesito buscar a una persona normal. Que me trate como se debería tratar a una mujer que no da demasiados problemas y solo quiere que se porten bien con ella. Hay hombres que parecen quererte como es debido hasta que te llevan un par de veces a la cama. Luego les entra algo extraño, como una bacteria invulnerable a los antibióticos que acaba con todo lo que parecían ser; y desaparecen atraídos por una fuerza poderosa. Esos son los que al cabo de un tiempo vuelven a llamar y a decirte todas aquellas tonterías del principio con las que te sentiste identificada”.

“Sí, hay muchos de esos hombres. Están por todas partes. Pero yo creo que son chicos normales, lo que pasa es que quizás no se han atrevido a lanzarse desde aquí y probar el agua del mar por la noche. Piensan que se romperán algún hueso, pero sobre todo piensan que se les helará el corazón para siempre”.
Las dos permanecieron sentadas en el límite del muelle con los pies colgados. Por algún motivo dejaron de hablar y comprobaron que la música de la fiesta ya no se oía, solo el mar incesante que ya había cubierto los prismas mientras el amanecer dejaba sin efecto las luces de la bahía. A ella comenzó a dolerle la espalda y pensó que era hora de cambiar de posición. Se levantó y con los pies juntos dio un salto al vacío para atravesar el agua como una vela. Su amiga, desde arriba, esperaba ver la cabeza cuanto antes asomar en la superficie.

Llegaste con el pelo mojado y los dedos de las manos arrugados. Había empezado a llover con fuerza cuando saltaste desde el muelle para salir nadando por la playa. Eso dijiste al apagar las luces, antes de quedarnos dormidos en esta noche extraña. Con los ojos cerrados también me preguntaste qué me daba miedo.

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