Verano3

Coches-de-choque

Tener un puñado de fichas de los coches de choque era lo más cercano a la felicidad. Aunque todos queríamos la del joven que conducía virtuoso con los pies fuera del carro, porque permitía rodar eternamente entre la luces de la pista eléctrica. Pero eso era imposible. Nosotros estábamos sometidos al tiempo y las fichas nos duraban lo justo para estamparnos o recibir sin previo aviso un choque por detrás. El que no quería meterse en problemas simplemente conducía esquivando como podía a los demás hasta que finalizaba la aventura. Algunos de esos imberbes que se limitaban temerosos a agotar sin incidentes esos cinco minutos de conducción siguen hoy tomando la misma actitud en la vida.

Han empezado a montar las atracciones al final del paseo y continúo deseando la ficha mágica que daba solo a unos pocos esa libertad que no se sabe muy bien dónde está. Los niños recogen las toallas de la playa y aún con el pelo mojado miran desde la arena nuevas luces multicolores que parpadean antes del anochecer. Por primera vez desde que estoy aquí pienso en el futuro.

 

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