Verano 1

 

la foto (1)

He tenido suerte. Desde la ventana del dormitorio se escucha el mar con claridad. Puedo ver parte de la playa y la actividad del paseo, frecuentado por bicicletas y caminantes que llegan hasta los barcos de pesca y acaban frente al faro. Luego regresan algo más lentos, como si alguien les hubiese aclarado algún tipo de verdad. Por las noches huele a pescado en el restaurante de abajo, donde hay una terraza que da al mar. Recogidas las mesas y la sillas se convierte en un bar de copas. Cada cual sabe su hora de retirarse.

He llegado hace poco con lo justo para instalarme este verano sin moverme de aquí. Me siento bien. Tengo el portátil donde escribo, una toalla de playa, las medicinas del hipocondríaco, unas cholas, algunos libros que no leeré en invierno y dinero para comer. Mi amigo se ha dejado enlatados en la despensa. Hay atún y mejillones en escabeche, pepinillos, espárragos y alcachofas. La casa tiene un salón generoso y una cocina con suficientes calderos. El balcón da a la parte de atrás donde hay un pequeño parque, una peluquería y una clínica veterinaria. Al lado del restaurante hay un sitio para comprar el pan y el periódico, cuestión de la que me alegro especialmente.

Al cruzar el paseo caes directamente en esta inmensa playa de arena negra. A la izquierda sobresalen  las rocas donde los niños inventan batallas cogiendo cangrejos y pequeños peces. La erosión ha formado charcos cristalinos y cuando baja la marea el musgo amarillo desprende un intenso olor vida marina. No suele haber mucha gente. No puedes estirar la toalla, solo acomodarte como puedas entre los riscos. Pero vale la pena. La playa es otra historia. Allí puedes alquilar una hamaca con sombrilla y estar leyendo tranquilamente hasta que el calor te venza y decidas bañarte. Hay gente que no hace ni lo uno ni lo otro: encuentra el placer en tostarse al sol.

La idea era ponerse a ordenar algunos párrafos que habías escrito antes de llegar, pero como te pasas la vida posponiendo, decides dejarlo para más tarde. Coges la toalla y bajas a la playa. En pocas horas el calor dará paso a una nueva noche.

 

 

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