Haden

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La primera vez que escuché algo de Charlie Haden fue el ‘Missouri Sky’, un disco del 97 que grabó con Pat Metheny y que sigo poniendo con frecuencia. Yo andaba perdido en Discos Sirex, una de las mejores tiendas de la isla y que el tiempo se encargó de desaparecer. Allí se podría encontrar una amplia sesión de jazz, rock, músicas del mundo y ser aconsejado por gente con buen gusto. Luego seguí a Charlie Haden por muchos de sus discos anteriores, posteriores y colaboraciones con todos los grandes. ‘American Dreams’ fue otro que escuché hasta la saciedad. Lo grabó un super equipo: Michael Brecker, Brad Melhdau y Brian Blade. Luego le siguieron ‘Nocturne’ y ‘Land of the Sun’, este último con el pianista Gonzalo Rubalcaba. Escuché al contrabajista en el Auditorio de Tenerife  si no me equivoco en 2007 con el Quartet West. El hombre se mecía sobre el instrumento, lejos de malabarismos virtuosos que ha nada conducían. Llevaba la batuta con sus amigos desprendiendo sencillez y sabiduría. Luego fue en París donde por azar en una Fnac compré ‘Jasmin’. En ese entonces era uno de los últimos discos de Charlie Haden a dúo con Keith Jarret o viceversa. De eso hará cuatro o cinco años. Estuve unos días en la ciudad del amor y anduve peleado la mitad del tiempo con la que era mi pareja. Nada en particular. No subí a la Torre Eiffel por creer que tenia vértigo pero un hombre  nos sacó una preciosa foto bajo la enorme escultura de hierro. También disfrutamos en una casa amiga y acogedora de una especie de puchero. Recuerdo que bebimos ron antes de la comida, por alguna influencia de Martinica y queso al final. Estábamos en Francia. Dormimos plácidamente, agotados de caminar y de ver edificios y rincones. Abajo del hotel había un tienda donde se podía comprar fruta y agua relativamente barata. Todo estaba lleno de ‘brasseries’ y serenaba algunas noches. Era finales de agosto.

Posteriormente regalé una copia de Jasmin a uno de esos amores que te vienen sin avisar y donde parece que todo encaja. Le dejé el disco con portada blanca cerca del piano y no hubo que decir mucho más. For all we know es la primera canción. Don,t ever leave me la última.  Anoche me enteré de que Charlie Haden había muerto el viernes en Los Ángeles. Tenía 76 años. Ojalá nunca nos hubiera dejado. Pero sé que eso es imposible en estos momentos.  

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