Gasolineras

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Es una contradicción pero ocurre. El vacío que llega cuando desaparecen por un tiempo los horarios y las obligaciones, cuando las horas del día dependen exclusivamente de uno, está estrechamente ligado a la falta de iniciativa para completar cosas que tenías pendientes u otras que hacías sin demasiado esfuerzo. La curiosidad puede igualmente entretenerte con cualquier pequeñez y hacer, por ejemplo, que empieces a teclear algunas palabras pasada la medianoche. A esa hora el perro de vecino ladra por última vez y las estrellas parecen más claras que nunca. A las puertas del verano todavía el frío, que regresa por la tarde, está en el aire y en el mar cercano.

Quería escribir sobre los bares-restaurantes de las gasolineras y defender su existencia. Probablemente allí se encuentren los mejores camareros del mundo. Esos que tienen un rápido sentido del humor y que sirven sin servilismos. Quería defender a los bocadillos de pollo,  pata, lomo, carne mechada, las tapas de ensaladilla, a las albóndigas, a los boquerones y las cañas frías de las gasolineras. A los menús del día con cortado incluido. Sitios de paso, donde la vida nunca echa el cierre. Pase lo que pase.

Algún coche acaba atravesar la calle. Supongo que el conductor se dirige a su casa. Oigo una orquesta lejana. Creo que hay fiesta cercana. El perro ya ha dejado de ladrar y duerme en la oscuridad de su patio. A veces no lo entiendo. Me ve todos los días y sigue mirando desconfiado. Como si no me conociera.

 

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