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Sed

ERROR

A estas horas duerme todo el mundo. Los niños, tu mujer y supones que los perros. Abres la nevera y apuras agua fría. La noche es cálida, ni una nube, suenan grillos por alguna parte, huele a césped y a flores. En el jardín, el riego reparte pequeñas gotas a las palmeras y a todas las plantas que has decidido. El garaje protege a los dos coches del sereno. En la calle los mosquitos se pegan al naranja de las farolas. El vecino tiene la luz encendida de la cocina. También abre la nevera y bebe un buen rato como si todo su cuerpo estuviera seco y luego se marcha.

Entras en la sala contemplas como si fuera la primera vez los retratos que llevan años en la estantería de los libros. Tu familia, la que ahora duerme en cada habitación, sonríe en todas las fotos. Tus suegros también sonríen, incluso los perros, cuando eran unos cachorros, parecen hacerlo. Compruebas las luces, el piloto del televisor, y luego entras en la cama. Intentas dormir, pero vuelves a tener sed. Sueñas con un desierto infinito que intentas cruzar en un viejo coche. La carretera es recta y de una fina arenilla negra. Ni un árbol, ni un animal, solo el sol de frente que calienta la cabeza.

Abres los ojos y tu mujer ya no está en la cama. La encuentras en la cocina, pegada a la nevera sosteniendo un enorme vaso de agua. La sed también ha despertado a los niños que se lanzan al grifo del baño. La luz del vecino vuelve a encenderse. Piensas que todo esto debe tratarse de un error y que esas ganas de beber agua no deben durar para siempre.

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