Calcetines

 

Guía de Isora-20140118-01554

Esta semana imaginaba que no hacía viento, que de ninguna parte venía, como si fuese preferible tener ideas como ilusiones que como realidades. El misterio del viento se me hace ajeno, igual que el misterio de las estrellas remotas que veo todas estas noches frías donde la Isla vuelve a descansar de sí misma. Me han tirado a la basura, y con razón,  unos calcetines rojos, rotos y viejos que dejaban los dedos al descubierto. Sin embargo me los seguía poniendo debajo de otros calcetines, admitiendo el defecto de forma y de fondo y toda su estupidez. Y no hay razón para lamentar ninguna pérdida, se trataba de una prenda en desuso pero sin embargo necesaria para ese lado absurdo, casi abandonado, que a veces encierran mis cosas y que de vez en cuando invaden estos días. Aceptar las pérdidas es importante para tolerar  más o menos lo que nos pasa en la vida. La última novela de Richard Ford, Canadá (Anagrama, 2013),  acaba de esta manera:

“Creo en que lo único que uno ve es más o menos lo que hay, como le he enseñado a mis alumnos, y que la vida se nos entrega vacía. Así, si bien la importancia pesa mucho, es lo máximo que hace. El sentido oculto ya no existe.

Mi madre me dijo  que tendría miles de mañanas para despertar y pensar todo eso  cuando ya no hubiera nadie para decirme cómo sentirme. He tenido varios miles. Lo que sé es que tendrán una oportunidad en la vida de sobrevivirla. Si toleras bien la pérdida; si te las arreglas para no ser el cínico de todo aquello que ella implica; si te supeditas, como sugirió Ruskin, al mantenimiento de las proporciones, a enlazar las cosas desiguales  en un todo capaz de preservar lo bueno, aún cuando haya que admitir que lo bueno no es a menudo fácil de encontrar. Lo intentamos, como mi hermana dijo. Lo intentamos todos nosotros. Lo intentamos”.     

Por aquí han dejado de moverse los cristales de las ventanas. En la calle todavía se oyen voces, algún perro ladra y el vecino sigue con la luz de la cocina encendida. Quizás es temprano para irse a dormir. El cuerpo y la mente siguen activos, queriendo hacer más cosas. Solo es cuestión de tiempo para que  ambos decidan que ya está bien por hoy.

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