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Como una vela

Tías-20131018-01428

Cuando se dieron cuenta las dos habían caminado lo suficiente para estar ya lejos de la fiesta. Desde el muelle se veía toda la bahía iluminada y la música era casi imperceptible. Algunas luces cambiaban de color y otras se apagaban para aparecer en otro punto. El mar oscuro golpeaba los enormes prismas que en el exterior sostenían el muelle, donde algún pescador insomne esperaba  a que algo mordiera el anzuelo. A decir verdad, a estas horas dormía casi todo el  mundo, menos la gente que se resistía a volver a casa, abrir la nevera, comer algo, ver la tele hasta cerrar los ojos.

Era una noche fresca. Una fina capa de humedad enfriaba la lona de las atracciones de feria. También los cristales de los coches y el suelo. El cielo estaba limpio y claro, lleno de estrellas brillantes por todos los lados. Las dos subieron las escaleras del muelle y se sentaron junto al faro colgado los pies hacia el mar abierto.

“El agua debe estar helada. Impresionaría caer desde esta altura, tendría que haber algún motivo de peso para lanzarme”, comentó una.

“Sí, impresionaría salir volando desde aquí. Respecto al agua, no todo es lo que parece, seguro que conserva todavía algo de calor, pues hoy ha hecho un día espléndido”, contestó su amiga.

“No hemos parado, me duelen los pies de estar de pie. Siempre me ocurre, pero también  a la inversa, pues cuando paso mucho tiempo sentada me duele la espalda”.

“Lo recomendable es no pasar demasiado tiempo en una posición, ir cambiando; es como vivir siempre en el mismo sitio”.

“Necesito buscar a una persona normal. Que me trate como se debería tratar a una mujer que no da demasiados problemas y solo quiere que se porten bien con ella. Hay hombres que parecen quererte bien hasta que te llevan un par de veces a la cama. Luego les entra algo extraño, como una bacteria invisible invulnerable a los antibióticos que acaba con todo lo que hace un mes eran, y desaparecen como atraídos por una fuerza poderosa. Y esos son los que al cabo de un tiempo vuelven a llamar y a decirte todas aquellas tonterías del principio con las que te sentiste identificada y con las que creíste encontrar a una persona para compartir cosas”.

“Sí, hay muchos de esos hombres. Están por todas partes. Pero  yo creo que son chicos normales,  lo que pasa es que quizás no se han atrevido a lanzarse desde aquí y probar el agua del mar por la noche. Piensan  que se romperán algún hueso y, como tú, que estará fría. Pero sobre todo piensan  que  se les helará el corazón para siempre, y  por eso siguen actuando  de esa manera, evitando lugares como éste, en una noche donde casi todo el mundo duerme”.

Las dos permanecieron sentadas en el límite del muelle, con los pies colgados. Por algún motivo dejaron de hablar y comprobaron que la música de la fiesta ya no se oía, solo el mar incesante que ya había cubierto los prismas mientras el amanecer dejaba sin efecto las luces de la bahía. A ella comenzó a dolerle la espalda y pensó que era hora de cambiar de posición. Con los pies juntos dio un salto y como una vela atravesó el agua en un instante. Su amiga, desde arriba, sonreía mientras esperaba ver la cabeza asomar en la superficie.

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