Carne

Guía de Isora-20130811-01325

Ya se había hecho de noche y atravesaron la ciudad en coche avanzando hacia las montañas, donde la urbanización de chalets adosados y de casas terreras seguía creciendo. Antes todo esto era monte pero ahora los árboles sólo existían en los jardines de césped, prácticamente iguales, como los tejados, como las puertas de las casas, como los coches encajados en los garajes. En la hilera de calles y casas había habitaciones con la luz encendida, en la cocina,  en parte de arriba, en el salón del televisor; era una señal de que los vecinos pasarían el resto de su vidas allí, saliendo al amanecer para ir a trabajar y llegando al anochecer, cuando los niños ya estaban casi dormidos. Los fines de semana ya habría tiempo para juntar a la familia.

Ella sugirió que sería bueno tener una casa lejos del ruido y un lugar para  ver crecer a los niños. Después de todo, este sitio no estaba mal  “a cinco minutos de todo”, dijo. Ella siempre pensaba en el futuro, en seguir construyendo algo. Generalmente al final del día contaba sus planes, siempre con la idea de una vida compartida a costa de lo que fuera. Ella siempre comparaba las cosas de sus amigos con las vuestras y sugería cambios, pequeños pero cambios, donde “podría quedar muy bien” una cosa o la otra.

Estaban invitados a la barbacoa de un amigo pero no recordaban la calle. La sucesión de viviendas agrupadas parecía inacabable y cíclica, como el inmenso bosque de árboles que fue  esta tierra hace años, con sólo pájaros, roedores y perros salvajes. Ahora entraba por la ventanilla el olor a césped mojado  y el aroma de los cerezos plantados en muchos de los jardines.  Estaban perdidos pero de alguna manera sabían que tarde o temprano encontrarían la casa. Y tras girar a la derecha reconocieron la calle y el coche.

Entraron y la comida ya estaba en la barbacoa. Ahora sólo era cuestión de saludar y picar algo de aquí y de allá, abrir una cerveza, preguntar cómo iba todo. Luego comerían la carne hasta acabar con toda.

De regreso, ella volvió a sus planes de futuro e insistió que si no sería bueno cambiar ésta u otra cosa. Luego hablaba sobre los azulejos de la sala.  Dejaron atrás la urbanización cuyas luces cada vez se hacían más pequeñas hasta perderse en la carretera.  En el coche escuchaban las noticias sin demasiado interés. Él opto por poner For all we know y entonces ella preguntó en qué pensaba cada noche,  cuando dormían juntos. “En que hemos pasado un día más  y seguimos adelante”, respondió.

Llegando a casa, justo antes de encajar el coche en garaje, el pensó que después de todo así era la vida compartida: no meterse en líos y aceptar de vez en cuando de los amigos un trozo de carne.

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