Calor

Guía de Isora-20130811-01326

Uno no sentía calor en los veranos de la infancia. Ni siquiera se paraba a pensar si hoy estaba más fresco o si mañana iban a subir las temperaturas. Lo que quería era bañarse eternamente en el mar hasta que apareciese el hambre para devorar el bocadillo. Con los años, el interés por la meteorología aumenta y nos hacemos más sensibles a los cambios de tiempo, como si nuestro estado de ánimo dependiese de la naturaleza de los cielos.

En los veranos de la infancia pasábamos mañanas y tardes remojados en la playa, incansables. No recuerdo hablar de cremas protectoras, ni de otras medidas contra el sol. Estábamos negros con los pelos rubios. Estábamos flacos y ágiles. Estábamos afónicos de tanto gritar. Por la noche jugábamos a las cartas, al escondite y salíamos caminar por el paseo. A veces llegábamos al muelle donde estaban los barcos atracados. Recuerdo el sonido de los cabos que sostenían la naves más grandes y el olor a sal y pescado. Me encantaba caminar por la noche y echar un vistazo al cubo de algún pescador.

En los veranos de la infancia aprovechabas los momentos del escondite para dar los primeros besos a aquella chica. Con suerte la volverías a ver el próximo año, pero muchas veces esto no ocurría. Pasado el tiempo esa niña ya era una mujer que se encendía los cigarrillos con aparente normalidad y apenas te miraba mientras tú todavía jugabas al escondite.

El único dolor que sentí en los veranos de la infancia fue al caerme un día cualquiera cuando salí a mirar charcos. Tropecé con una roca y me rajé la rodilla. Quedé sin caminar un par de semanas y para colmo una gripe acabó de hundirme en el apartamento. En ese entonces comencé a sentir como el calor entraba cada tarde por el salón donde estaba quieto como una estatua. Solo esperaba aburrido a que me quitaran los puntos.

Cuando volví a caminar con normalidad creo que comencé a crecer. Fue una noche al notar como entraba la brisa fresca por el balcón abierto. Pensé que el verano nos daba una tregua. Y efectivamente, las temperaturas comenzaron a bajar esa semana.

Roberto Carlos formaba parte de la banda sonora de los veranos de la infancia.

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