Muecas

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Formábamos parte de los invitados. Ya se podía estar fuera de noche sin que el frío increpase a mujeres y hombres que se reían movidos por una sensación colectiva de ligereza despreocupada. Así que todo: mesas, sillas, música, comida, bebida y gente, permanecían fuera de la casa, en la zona de los jardines, donde a pocos metros el mar golpeaba casi siempre con fuerza el acantilado. Al límite entre la tierra y el agua, la vida humana se mezclaba con el devenir incesante de la naturaleza, anterior a cualquier idea de que alguien decidiese instalar allí su hogar. Era la enorme casa de un amigo común que celebraba su cumpleaños rodeado de amigos comunes.

Sin quererlo se había convertido en una fiesta entre parejas, pues eran pocos los soleros, incansables, enganchados a la novedad, buscadores incesantes de situaciones perfectas. Había bastantes parejas que tenían niños, mientras que las embarazadas preguntaban a las de más experiencia cuánto tiempo era conveniente dar el pecho a su futuro hijo, qué hacer si el bebé se despertaba mucho de madrugada. Las madres advertían de que había momentos duros, pero tener un hijo era una sensación única, decían, un cambio de perspectiva vital. Algunos amigos comentaban de que éste era el primero y el último, que necesitaban tiempo para ellos, lejos de horarios establecidos, hacer planes los fines de semana. No entendían por qué sin motivo aparente lloraba el bebé, o por qué quería reírse, jugar una madrugada cualquiera, como si el tiempo no fuera con ellos. Mientras, las parejas que no tenían hijos picaban algo de carne, tomaban cerveza, pensando que algún día quizás asumiesen esa responsabilidad. El mar golpeaba ese día fuerte contra el acantilado y el salitre húmedo se podía sentir cerca del jardín. Los que no tenían pareja, también picaban algo de carne. Hacían muecas a uno de los bebés que despertaba de su sueño en el carrito. Y de pronto  la sonrisa del bebé adquirió un gesto extraño, como si supiera de qué estábamos hablando. El salitre no dejó de humedecer el jardín durante toda la noche.

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Este es Olafur Arnalds.

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