Tardes largas

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Ya me he hecho la idea de que estos días de sol continuarán hasta septiembre sin tregua, y que las tardes cada vez serán más largas. Es curioso como el cambio de hora da paso a otra conciencia del día, afecta de alguna manera a nuestras vidas. Es curioso cómo sesenta minutos más de luz dan para tanto. Siento que estamos a las puertas del verano, porque aquí la primavera no se nota demasiado, salvo en que las casas siguen frescas, pero es cuestión de tiempo, pues el calor irá metiéndose en cada habitación y en cada uno de nosotros como un huésped sigiloso. No tardará demasiado. Pocas sorpresas cabe esperar de estos días azules. Vendrá el viento y la calima, seguro, pero dudo mucho que caiga más agua sobre los tejados y el monte; que vuelva a correr al barranco, ahora con un hilo de barro como testigo de que allí  pasó algo: un rio  inesperado que vino de las montañas  y que quitó el sueño en una noche de truenos a los que aquí habitan. Al día siguiente todo el pueblo salió a ver cómo corría el barranco, todavía con  la fuerza sostenida del frio y de la nieve del Teide. Pero ahora ya no queda nada. Solo el cauce seco y ese hilo de barro que pronto se hará polvo.

Yo prefiero el frio que el calor. Conozco a un médico que pregunta a sus pacientes cómo se encuentran en los días nublados, si le dan miedo las tormentas, si prefieren la playa o la montaña,  si les gusta la lluvia. No sé si habrá alguna relación entre el estado de ánimo y las preferencias meteorológicas, preferencias que  muchas veces no podemos elegir. Pero en eso está este médico.

Es probable que prefiera el frío porque vivo rodeado de sol, pues basta que te inclines por lo que no tienes al alcance de tu mano.  También me gustan los días de playa al atardecer, cuando ya queda poca gente sobre la arena y el sol se despide con paciencia tras haberte calentado los huesos y la piel cubierta de salitre.  Las tardes largas se disfrutan más que cuando en invierno llega la prisa por hacerse de noche. Hay otra alegría diferente porque el día sigue vivo. Que llegue la oscuridad es algo inevitable, quizás de lo único que podemos estar seguros,  salvo que el mundo se acabe en un instante, sin avisar, antes de ponerse el sol.

 

Escuchen este álbum, de José James. No beginning No End. Blue Note-EMI.

Come to my Door”.

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