Naproxeno

Ahora empiezo a poder escribir. No lo he hecho antes porque me han quitado algo en el dedo que impedía colocar la mano izquierda sobre el teclado sin sufrir algún tirón doloroso, producto de la sutura. Nada grave, eso espero, una tontería, un trozo de piel sobrante y que ya no está. Para eso he tenido que entrar por primera vez a un quirófano,  con dos trozos de tela verde, uno por delante y otro por detrás, un gorro y lo más parecido a unas bailarinas. Fue un trabajo fácil y casi rutinario para el doctor, un tipo pragmático y resolutivo. Cuestión de diez minutos para solucionar lo que lleva aproximadamente unos cuatro años molestando. ¡Con qué rapidez se pasa página a cosas que creías importantes!.

Cuando salí de aquella habitación me sentí muy solo. Y cuando te sientes solo tiendes a buscar la belleza en cualquier cosa que esté a tu alrededor. Es una manera de sobrevivir. Formas parte del ritmo de la clínica donde todo parece estar conectado con una especie de bondad construida para la curación, con sus colores neutros, sus olores exclusivos de estas paredes rodeadas de medicamentos; la amabilidad de las enfermeras. Cuando te sientes solo encuentras algo místico en el sonido del pulsómetro mientras esperas el informe. “Si hay dolor, 550 miligramos de naproxeno”, decía. Incluso aconsejas al que encuentras en el vestuario, mientras te quitas el traje ridículo, que todo irá bien,  como si ahí dentro, un lugar que no pertenece a nadie, donde acabas de pasar quince minutos, hubiese algo especial, inmutable con el paso del tiempo, capaz de calmar la incertidumbre.

De la importancia de cada uno de los dedos te das cuenta cuando por cualquier circunstancia  se anula el movimiento natural de la articulación. Permaneces unos días algo más torpe, para bañarte, limpiar los platos, coger y colocar cosas, cortar un tomate, y en general todo pequeño gesto cotidiano que tenga que ver con el equilibro del cuerpo. Y es ahí donde piensas la obra maestra que son las falanges y la conexión entre tendones, huesos, órganos, venas, pieles y cartílagos de todo tu cuerpo.

Lo cierto es que todavía tengo los puntos pero ya puedo escribir, al menos, con la misma torpeza de antes.

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