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Otoño y Murakami

Septiembre ha quedado atrás. Todo ese calor que dejó el verano en los cuerpos y en la tierra se va alejando poco a poco, de una manera sutil,  casi sin que se note, permitiendo que de vez en cuando caigan algunas gotas en los lugares más cercanos al cielo, suficiente para que por las mañanas entre un aire ligero y fresco a las casas. Ese aire ya permite que la noche sea capaz de humedecer coches y enfriar aceras.

Hace días que una tímida masa de nubes grises abraza al pueblo y estoy contento, aunque no llueve lo que me gustaría, pero sobre estas cuestiones no podemos decidir. Noto que la gente se está preparando para algo, pero no logro saber qué es exactamente.  Tengo pocas pruebas, no hay ningún movimiento especial, simple intuición. Quizás el agua venga en forma de tormenta y se lo lleve todo. No lo sé. Lo cierto es que los árboles, los animales y la tierra necesitan el agua del cielo. También  los tejados y los edificios, las calles. Todo precisa de una ducha generalizada. Todo el año ha sido un verano largo y seco que nos ha dejado un mensaje: el planeta  se calienta y los hielos serán mares que acabarán tragándose las islas. Tarde o temprano.

El otoño llega y he caído una vez más en la tentación de  Murakami. En este caso se trata de un verdadero ladrillo: 1Q84 no apto para lectores de cama a última hora, sino para el que tenga más tiempo, vacaciones por ejemplo; pero el ser humano es contradictorio, y de momento en eso estoy. Es uno de sus últimos libros que el japonés ha publicado por partes (libro 1 y 2 en uno) más el 3. Todo viene a cuento porque acaba de salir Baila, Baila Baila, en Tusquets, como todos los que han salido en España, excepto La Caza del Carnero Salvaje, uno de los mejores, que está en Anagrama.

Recuerdo como leía compulsivamente hace unos años a Murakami, cuando lo descubrí a través de un amigo que casi siempre acierta (aunque  ahora está metido en el mundo de Juego de Tronos). Murakami es un tipo silencioso, discreto, corredor de fondo (ha escrito un libro sobre su disciplina deportiva-vital: De qué hablo cuando hablo de correr), metódico, traductor, con sentido del humor. Dejó el bar de jazz que regentaba para dedicarse a la literatura. Un perfil sin duda atractivo. El universo Murakami lo es: personajes solitarios que se cruzan con otras gentes con las que tienen algo en común.  Historias entrelazadas, mucha imaginación, surrealismo y finales inesperados. Una literatura casi siempre  concisa, que no sabes a dónde te va a llevar, con grandes paseos, a veces demasiado largos,  sin perder su ritmo hipnótico y con claras influencias de Kafka. Confieso que acabé fascinado por ese universo y recomiendo al que no haya leído nada de este señor que lo intente. Por ejemplo se podría empezar con Al sur de la Frontera al oeste del Sol, una obra cortita.

También acabé harto de Murakami y me dediqué a leer a otra gente y otras cosas, con las pausas medicinales de Astérix, por supuesto. Pero como casi todo es cíclico he vuelto a ver qué pasa ahora. Así es, vuelve el otoño y vuelve Murakami con Baila, Baila Baila. una novela de los ochenta que ahora se traduce en español.

Su nombre es Haruki, por cierto.

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Ahora tengo en el coche el último disco de la banda Calexico, se llama Algiers. Ahi va “Para”. El que quiera saber más ya sabe http://www.casadecalexico.com/

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