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I Can See Clearly Now

De alguna manera mi nueva habitación era el ático, donde trasladé la cama y se supone que allí debería dormir. Lo hice,  pero por alguna razón no conseguí adaptarme a este cambio, en las alturas, porque el ático captaba el resto de sonidos de la casa y no había una puerta que lo solucionase. Y en la gaveta estaban los esqueletos. Sí, cuerpos humanos, de los antiguos guanches. Dos o tres cráneos, tibias, peronés, fragmentos de columna vertebral almacenados junto a trozos de madera y cerámica. Todo esto estaba en una caja de cartón alargada. Solo había que abrir la gaveta.  Al lado de la cama.

Yo no recuerdo pensar demasiado en los huesos, pero supongo que debió influir para que tres meses después regresase de nuevo a mi cuarto de abajo, a suelo firme,  con la ventana que daba a la parte de atrás, justo al lado de mis padres. Nadie volvió a dormir arriba. Sí descansar. Una siesta, en una pequeña cama plegable.

No tardaron Norma y Verónica en apropiarse del ático, la mejor habitación de la casa.  Allí hablaban, fumaban sus primeros cigarros, algo deberían estudiar. Allí crecieron. Antes de mí lo habitó Natalia, con los primeros discos de Madonna, el “Sacrifice” de Elton John, Dirty Dancing y “Noches de Blanco Satén: las 24 mejores baladas de siempre”. Y es que aparte de esqueletos, y de libros (una colección de Terror de la editorial Bruguera de tapa dura roja con las letras negras), en el ático había discos, y tocadiscos, un buen equipo, por cierto, que luego se iría deteriorando por la falta de uso.

Antes de Natalia fue mi padre el que subía a escuchar el Requiem y otras obras maestras de los clásicos. Mi padre creó este espacio que cada uno supo adaptar a su manera. Yo seguí subiendo al ático. Pasaba las tardes descubriendo lo que contenían los vinilos y grabando cintas, las famosas TDK de 60. Y entre “Cuadros de una Exposición” o los “Conciertos de Branderburgo” hallé por casualidad  un disco de Johnny Nash. Un disco de los setenta llamado  I Can See Clearly Now.

Johnny Nash era un cantante de pop, soul, si me lo permiten, que supo absorber el reggae de una manera magnífica. No he vuelto a buscar el disco en el ático pero sé que sigue allí, junto a los restos de la adolescencia, entre pequeños objetos, papeles, dibujos y fotos.

Lo cierto es que en estos días tengo en el coche una colección de éxitos de Johnny Nash, entre ellos Stir it up, que compuso Bob Marley en 1967. Es fácil que I Can See Clearly Now te haga feliz cuando la escuchas. Y eso a veces resulta difícil.

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