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PAMINA

Todos aplauden porque ha sido una ópera maravillosa. Lo mínimo que puedes hacer es disfrutar de este momento porque te lo mereces. Siempre repites lo mismo cuando  te enfrentas a lo que más te gusta y lo único que puedo hacer es escucharte una vez tras otra: que no hubiese público suficiente, que tu voz se apague minutos antes, que la orquesta no estuviese a la altura, que olvidaras la letra, no sé, algún pequeño imprevisto de última hora, suficiente para romper tu frágil equilibrio. Esos miedos deberían desaparecer, pero los dos sabemos a estas alturas que es difícil eliminarlos, y por lo tanto tenemos convivir con ellos. Te pasa siempre que miras de frente a lo que precisamente te da la vida.  Una semana antes del estreno comienzas  a dudar de ti misma, de tu capacidad para hacer lo que mejor sabes hacer. A darte vueltas en la cama por las noches.  A tener más frío de lo habitual. En cuanto baja un poco la temperatura prefieres estar sola, encoges los hombros y sales al salón,  buscas alguna bebida caliente,  una manta y te quedas casi sin pestañear frente al televisor, en silencio, cambiando sistemáticamente de canal hasta que ves alguno que tenga paisajes, animales, quizás música, y te recuestas de lado esperando a que todo pase. Me vas a decir que todo está bien, lo sé,  y por eso no  insisto, permanezco en la cama,  también esperando; porque eres muy testaruda, porque no te gustan los consejos en medio de la noche, ni en los días donde hay demasiado viento, porque siempre has hecho lo que has querido y yo he aceptado estar junto a ti, en esa búsqueda incesante de satisfacción en todas las cosas bonitas que haces, y que de vez en cuando te pasan factura, cuando el cuerpo olvida tu voluntad, cuando te quedas dormida  en el sillón y levantas  de madrugada, perdida, con la infusión fría. Ya no vale la pena beberla, y llegas a mi lado y me cuentas en voz baja que lo sientes, que te has quedado dormida.

Esta noche has interpretado a Pamina  de una manera magistral y miro como nuestro hijo aplaude, no deja de señalarte y gritar tu nombre, pero no lo escuchas porque en ese momento todo es muy grande, extrañamente confuso, lejano, y hace que el público se te meta en el oído sin que nada puedas hacer salvo sonreír. Luego hablarás con él, cuando nos vayamos a casa juntos, en el coche, cruzando la ciudad, luego el bosque. Llegaremos de madrugada.

Ahora sonríes, y miras al frente, a los lados y saludas al público, y eres inmensamente feliz. Y sé que esta noche no irás al sofá, estarás conmigo, en la cama, tranquila,  proponiéndome algún viaje. Estarás sin ese frío que no existe sino en tí.

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Escuchen cualquier pasaje de la Flauta Mágica.

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2 comentarios en “PAMINA

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